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Sabes que soy así, a veces despierta, a veces dormida

a veces soy luna, a veces hada, a veces mariposa,

a veces… simplemente Tania

Soy así y me conoces

Y conoces mis virtudes y eres testigo de mis debilidades

Conoces que lloro y desespero, que hago de una gota un diluvio

Conoces que a veces soy niña y gusto del desorden

Que a veces soy mujer y ordeno mis ideas y hasta quiero ordenar las tuyas

Conoces que me quiebro y que seguido soy débil,

Y sabes que me levanto y que vuelvo a andar mis pasos

A ratos soy firme, necia, fuerte y rebelde

y con el viento hago milagros

de poco tengo mucho y de más aún carezco

y reconozco los vacíos que en mi vida padezco

logros tengo algunos,

mil locuras me acompañan y de sueños no fracaso

sabes que me gusta el alcohol, el son, el tabaco y la comida,

y que no carezco de ratos de melancolía

sabes también que me gusta tu sonrisa

y el latido de tu cuerpo es un gran pilar en mi vida

a veces soy egoísta si,

y seguro no se entenderte,

mas de una vez te he lastimado, y no se cuantas te he gritado,

pero has de saber también, que el tiempo me ha enseñado,

y que aunque no soy experta, trato de hacer lo mejor,

sigo soñando lo imposible y a ratos queriendo cambiar lo incambiable ,

voy en camino andando y aprendiendo contigo estoy

eres mi musa, mi ángel, mi diosa,

eres mi gran pasión

te adoro hija de mi vida, y me enorgullezco de lo que caminan tus pies,  de lo

que recorre tu mirada y lo que construyen tus manos,

alguna vez te lo dije y lo reitero,

tu estás hecha para ser grande…

Ya son once…

Hoy celebro el onceavo año de mi hija en este mundo. Y celebro también el onceavo año que cumplo de ser madre. Es increíble como pasa el tiempo, es increíble como he crecido estos once años junto con ella. Hemos madurado juntas, hemos aprendido juntas. Muchas experiencias que sería inútil tratar de ponerlas en palabras, tristezas, alegrías, contratiempos, encuentros, desencuentros, pero siempre de la mano y con mucho amor. Sin duda, el mejor regalo que me he encontrado en el camino, una historia que forjamos con empeño juntas día a día, unas ansias de emprender nuevos caminos tratando siempre de hacer mejor las cosas cada día. Te quiero Ale.

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Aguas con lo que ven nuestros hijos…

La pretensión de influir en el otro es inherente al ser humano. Es un rasgo característico de nuestra conducta. El problema se plantea cuando se analizan los elementos que utiliza para ejercer esa influencia, las técnicas que usa para persuadir, la veracidad de la información que transmite y las condiciones del receptor del mensaje. Aquí nos adentramos al terreno de la ética.

La publicidad puede elevar los costos de los productos, corrompiendo los deseos naturales de las personas, facilitando información errónea acerca de los productos.

En el caso de los niños, estos representan ávidos receptores de mensajes publicitarios. La publicidad tiene como objetivo estimular el deseo y la necesidad de consumir, y los niños y jóvenes representan una importante cuota de mercado. La influencia de la publicidad en los niños es muy fuerte, y puede considerarse como un instrumento peligroso, ya que crea apetencias y necesidades que no se corresponden con la edad del niño o del adolescente, y que en la mayoría de los casos no podrá satisfacer. Como es el caso del comercial de Kellogg, en el cual el tigre Toño representa un ideal que combina características de un tigre y de un super deportista, convirtiéndolo en un super héroe “alcanzable” para el niño al comer zucaritas.

Las mismas características fisiológicas del cerebro del niño lo hacen receptivo a cualquier estímulo. Se encuentra en una fase en la que la curiosidad es característica fundamental, independientemente de consideraciones alternas sobre su capacidad variable de retención de la atención inicial. Valiéndose de esa inmadurez fisiológica, éste comercial atrapa al niño, con imágenes fantásticas y dibujos animados que se combinan con situaciones cotidianas de su vida.

Otra característica del pensamiento infantil, el sincretismo, tiene también sus consecuencias en relación con la percepción de mensajes publicitarios. Lo que Levy Bruhl llamó la “participación”, o la mezcla indistinta de lo objetivo y lo subjetivo tiene como consecuencia, en primer término, que el niño no sepa abstraerse del espectáculo que lo cautiva, y , en segundo lugar, que sea incapaz de delimitar realidad y fantasía, aceptando, en consecuencia, como verdad, cualquier cosa que se le presente. La distinción que un adulto puede hacer entre una apelación a su capacidad de ensoñación y la realidad del producto que se ofrece es más difícil para un niño que se encuentra en un período de sincretismo, lo que lo coloca en una posición que podríamos llamar de desventaja. De esta manera, un niño no establece el límite entre la fantasía del comercial y su propia vida; pudiendo ser el tigre Toño uno más de sus amigos o incluso él mismo. De esta manera, si come zucaritas, alcanzará las características del personaje.

En relación a otro de los procesos psíquicos del niño, resulta imposible soslayar el respeto que éste siente ante la autoridad y su tendencia a creer ciegamente lo que ésta diga, obedeciendo sus instrucciones y aún sus sugerencias. Asimismo es utilizable para efectos publicitarios, la tendencia infantil a imitar modelos de conducta en una función mimética. Los medios de comunicación representan una autoridad social para el niño como toda creación adulta, de esta manera lo que se dice en la televisión es considerado como verdad por el niño.

El hecho de que el niño se encuentra en una etapa en la que necesita desarrollar una noción del mundo, encontrar un orden en el caos, separarse así mismo de la naturaleza y los otros, diferenciar lo real de lo fantástico, hallar su propio código ético en consonancia con el del contexto en el que se desenvuelve. Toda la información que necesita para procesos tan complejos y vitales la extrae del mundo que lo rodea, y en consecuencia, de la publicidad, como parte importante de ese mundo. El niño dedica un tiempo considerable a ver televisión. Existe una programación especialmente dedicada a ellos, con horarios específicos, dentro de los cuales se transmiten este tipo de comerciales.

Lawrence Kohlberg, quien se ha especializado en el estudio de la moralidad y la consciencia ética, concluye que en ese camino hacia la madurez del pensamiento ético, el individuo avanza de una etapa en la que lo percibido como ético es acatar reglas externas, hasta una etapa final en la que sólo su consciencia es considerada como norma válida para regular su vida. Los niños están en un proceso de desarrollo social, en el que van haciéndose parte de la sociedad y la cultura, adoptando un proceso de modelaje , que consiste en la imitación social. Ellos copian lo que los comerciales dicen que es “bueno” o “positivo”, como el hecho de que es recomendable comer zucaritas porque tienen vitaminas y minerales que “harán un tigre de ti”.

Si damos esta teoría por cierta (y lecturas adicionales avalan su validez) podemos concluir que es una señal de madurez no sólo individual sino social, el procrear individuos cuyas actitudes deriven de una ética interior muy personal y no de obediencia a normas y reglamentos impuestos. Si continuamos dándole crédito a los especialistas en este campo, debemos creer entonces que este estado de consciencia íntima se puede enseñar, incentivar, fomentar. Por lo que debemos ser muy cuidadosos en la información que reciben los niños. La información engañosa que tiene la campaña publicitaria de grupo Kellogg Company México, está jugando con la ingenuidad de los niños y se está enriqueciendo gracias a ella.

Las técnicas publicitarias abusan de las limitadas capacidades de análisis y raciocinio del niño y su natural credibilidad. Los niños no deben ser objeto ni sujeto de publicidad y mucho menos convertirse en víctimas de una publicidad engañosa.

Si además de todo esto, tomamos en cuenta que los niños ejercen sobre sus padres una gran influencia al momento de comprar cualquier tipo de productos que se ofrecen en el mercado, algunos a un alto precio; podemos entender porqué los niños se convierten en los blancos de este tipo de campañas.

A su vez, en el mundo moderno en que vivimos, donde los padres trabajan y dedican poco tiempo a sus hijos, el ritmo de vida no permite analizar con detalle la razón por la que su hijo quiere comprar dicho producto ni la calidad del mismo, confiando en que las marcas de prestigio no los engañarán.

Que te quiero

Ninfa mía, yo te quiero,

y es porque brillan tus ojos.

Cuando con miedo se alzan temerosos,

Cuando se esconden tristes y llorosos,

Ellos que expresan tu alma,

que no es tranquila ni silenciosa.

 

Que te quiero…

Y es porque brillan tus ojos

Cuando me observan amorosos,

matizan mis heridas,

entonan mis melodías

y acompañan mis sueños.

 

Que te quiero, niña mía yo te quiero,

Aunque a veces no se decirlo,

Y me derrumben mis instintos,

Y me acompañen mis derrotas,

Y espero yo que algún día,

Sepas por ti que te quiero.

 

Comprende lo que te digo,

Cuida tus flores y estrellas,

Cuida el color de tus alas,

Y sábete que te quiero.